En su vera cuenta las cuentas de este maldito ábaco, resulta que lo que creía que eran segundos son minutos, los minutos son horas y las hora son días y los días igual que eternidades que nunca caen como petalos de esta flor llamada esperar.
Esa flor con sabor a citrícos, a tierra de sol, arboles frutales y que cuando sus petalos eran abanicados por el aire, le llegaba el tenue olor a nostalgia.
Una nostalgia hecha de miel y limon, dulce y agria, como dos mitades contrapuestas y complementarias así es como se encuentra en esos momentos.
La nostalgia como pegamento de una chica partida en dos, una parte levantina y otra de corona, aún descubriendo lo último intentando que la última mitad no devoré a la otra.
Tiene miedo de ella misma, de elevar la copa tanto como pueda pero siempre recuerda que sin ráices jamás lo podrá hacer.
Le agobia que el espejo le devuelva un reflejo de una mujer irreconocible por ella misma, que esa realidad le acabe sumergiendo en un mar de cristales que la despedazen sintiendo una glaciación repentina y altamente destructiva.
Entonces esboza una leve sonrisa, como mascara de su fobia y termina de peinar su larga caballera, dejando así que sus cabellos echen a volar sus malos pensamientos, como siluetas que desaparecen con los primeros rayos del sol.
Se siente refugiada, rememora lo que fue, quien es pero le angustia el que será intenta que eso no le robe el azúcar el presente, quiere olvidar y tal vez la corona entre sus brillos y desgaste le haga olvidar.
La corona como un mar muerto donde bucear y sus sales sanen las heridas, lo curioso es que lo esta consiguiendo...
¿Te vienes a leer un periodico en el mar muerto?
Texto: Aires del sur©2008
¡Os dejo este video para que disfruteis de el!

1 comentario:
Muy bonito blog y muy personal. Gracias por enlazarme. Saludos
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